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domingo, 13 de julio de 2014

KLOSE, ENTRE RONALDO Y MÜLLER

Dieciséis tantos en cuatro participaciones. Una media de cuatro dianas por Mundial y una cuenta que puede incluso aumentar esta noche. Presente en cuatro semifinales consecutivas de la Copa del Mundo. Goleador con 36 años. Todos estos datos relucen en la hoja de servicios de Miroslav Klose, el máximo artillero en la historia de los mundiales desde el 8 de julio de 2014.

El alemán nacido en Polonia ha inaugurado el club de los 16 tras un efímero paso por el de los 15, al que le dio la bienvenida el mítico Ronaldo. El brasileño había destronado en Alemania 2006 al germano Gerd Müller -quien firmó 14 goles entre los campeonatos de 1970 y 1974-, pero ahora en 2014 ha sido un teutón el que le arrebató la corona en Brasil a El Fenómeno.



A Müller le duró el récord 32 años; a Ronaldo, ocho. ¿Cuánto tiempo podrá retener Klose la marca en su poder?

Es muy probable que el honor le dure sólo hasta el Mundial de Rusia, dentro de cuatro años, y que sea un compatriota suyo con apellido de goleador quien se lo arrebate: Thomas Müller.

Aún no ha cumplido los 25 años y ya suma 10 goles en dos mundiales. Cinco en Sudáfrica 2010 y otros tantos -sin contar los que pueda hacer hoy- en Brasil 2014, e incluso tiene en su mano la posibilidad de ser Pichichi del torneo por segunda vez, algo que ningún otro futbolista ha alcanzado. El joven Müller está llamado a seguir haciendo historia.

Y en su espalda lleva el 13, el mismo dorsal que Torpedo.
 

viernes, 11 de julio de 2014

EL BLANCO LE SIENTA MAL A LA ROJA EN LOS MUNDIALES

Siempre he sentido curiosidad por saber quién -y sobre todo por qué- ordena  que Alemania vista de franjas rojinegras contra Brasil o que Francia haya jugado tantas veces contra España de blanco. La camiseta  titular germana es blanca y la brasileña, amarilla, dos colores que no generan confusión entre sí. Y la indumentaria de la Roja y les Bleus tampoco da mucho lugar a despistes.

Una rápida investigación por la red explica que las televisiones deciden, y que en el caso del España-Países Bajos del pasado 13 de junio la exigencia era que un combinado luciera tonos claros mientras que el contrario debía ataviarse de oscuro. Por ello, la Roja se disfrazó de blanco y la Oranje, de azul marino. El resultado fue pésimo para los de Vicente del Bosque, pero no era la primera vez que la selección mordía el polvo en un Mundial enfundada en una equipación blanca.

En su bautismo de fuego en Francia 98, la Roja mudó de vestimenta habitual y cayó 3-2 contra la a priori asequible Nigeria. Pero más duro, por lo que se tuvo a mano y no se pudo conseguir, fue lo ocurrido cuatro años atrás en el Mundial de Estados Unidos.

Hace justo dos decenios, la selección española se medía a la de Italia en los cuartos de final. Fue un encuentro vibrante, eléctrico, con una España muy superior a la Azzurra durante gran parte del juego, pero resuelto por los transalpinos con un toque de calidad de Roberto Baggio y otro de violencia por parte de Tassotti. Su codazo -en esta ribera del Mediterráneo se le conoce sólo por eso- hizo trizas el tabique nasal de Luis Enrique y las esperanzas de una afición que hubo de aguardar demasiado tiempo para ver a los suyos entre los grandes del fútbol.



Dieciséis años después, el equipo nacional tocaba el cielo en Johannesburgo. Su oponente en el último partido de Sudáfrica 2010 fue el mismo que el de su aciago debut en Brasil 2014: un rival uniformado de naranja. La confusión visual entre la elástica oficial neerlandesa y la española estaba servida, y fueron los nuestros quienes cambiaron de color. Y no eligieron el blanco.

Hoy se cumplen cuatro años del día que Andrés Iniesta, vestido de azul, hacía realidad el mayor de los sueños de la Roja.

jueves, 10 de julio de 2014

ARGENTINA SALVA (DE MOMENTO) EL HONOR DE AMÉRICA

Decepcionante. Ésa es la palabra que mejor resume la participación de Argentina en los mundiales de fútbol de las dos últimas décadas. La Albiceleste siempre tuvo que hacer las maletas cuando le tocó enfrentarse al primer rival complicado: en 1994 perdió en octavos de final ante la Rumania de Hagi y Dumitrescu; en el 98, en cuartos frente a los Países Bajos de Bergkamp, Kluivert, Davids y compañía; en 2002 encalló en la primera fase tras quedar encuadrada en el mismo grupo que Inglaterra y Suecia; y en 2006 y 2010 sucumbió en cuartos a manos de Alemania, la última de ellas con humillación incluida.

Es difícil buscar explicaciones al fracaso continuado de una selección que, pese a haber contado todos estos años con magníficos jugadores -Batistuta, Redondo, Simeone, Ortega, Zanetti, Crespo, Aimar, Ayala, Tévez, Agüero, Messi...-, ha caído eliminada demasiadas veces antes de lo esperado. La prolongación de derrotas podría tener una razón, y quizá sea que la sombra de Diego Armando Maradona ha sido demasiado alargada para sus sucesores.



La participación de Argentina en Brasil 2014 se ha caracterizado por la escasa entidad de sus contrincantes... hasta las semifinales. Para alcanzar esa penúltima ronda tuvo que superar -y en varios casos con grandes dificultades- a Bosnia, Irán, Nigeria, Suiza y Bélgica.

Pero, con suerte o sin ella, el equipo nacional argentino alcanzó su ronda talismán: la Albiceleste nunca perdió una semifinal -triunfó en las de Uruguay 30, México 86 e Italia 90, así como en la segunda fase de Argentina 78- y se ha agarrado a esa tradición para deshacerse esta vez de un adversario complicado como Países Bajos. En un partido con muy pocos detalles para el recuerdo, con dos contendientes más preocupados por mantener su puerta a cero que de buscar la meta rival, Messi y sus compañeros reservaron el billete para Maracaná en lo que muchos siguen llamando la lotería de los penaltis.

Sin brillo, pero con eficacia, Argentina ha salvado el honor de América, puesto que en toda la historia de los mundiales ninguna selección europea consiguió proclamarse campeona en el Nuevo Continente. De haberse rendido a la Oranje, habría sido cruel para el otro lado del Atlántico ver a dos aspirantes de esta orilla del océano luchando por el cetro del fútbol en el Nuevo Mundo. Si la todopoderosa Alemania pretende asaltar el trono mundial profanando suelo americano, es hermoso que lo haga frente a alguien que pueda defenderlo.


lunes, 7 de julio de 2014

NO QUIERO UN MUNDIAL EN ESPAÑA

No, no quiero que España sea sede de un Mundial de fútbol. Y no nos vayamos al rollo del impulso económico para nuestro país. Centrémonos en lo estrictamente deportivo. ¿Ha habido alguna selección anfitriona que se haya proclamado campeona del mundo y merezca ser recordada?
 
Un repaso a la historia de los mundiales dará como respuesta un rotundo no. Sin contar Brasil 2014, se han disputado 19 campeonatos del mundo, y seis de ellos tuvieron como campeones a los equipos organizadores: Uruguay (1930), Italia (1934), Inglaterra (1966), Alemania Federal (1974), Argentina (1978) y Francia (1998).

No hablaré de Uruguay 1930. Queda demasiado lejos y se ausentaron del mismo varias selecciones europeas nada dispuestas a una agotadora travesía por el Atlántico para jugarlo. Pero sí recordaré el campeonato celebrado cuatro años después en territorio azzurro. La lejanía en el tiempo no ha evitado que el éxito de la local Italia quedara manchado para siempre por los favores arbitrales recibidos.

La dictadura de Benito Mussolini influyó de manera decisiva en el desenlace del torneo. En aquel Mundial en el que los jugadores de la Nazionale hacían el saludo fascista, los árbitros perjudicaron descaradamente a los rivales de la anfitriona. España fue una de las víctimas, en una eliminatoria de cuartos de final marcada por las artimañas y la dureza de los jugadores locales.

Hubo que esperar hasta 1966 para ver otra campeona como organizadora, la Inglaterra de Bobby Charlton, Geoffrey Hurst y Bobby Moore. Sin embargo, no fue una vencedora brillante, y la historia nunca podrá ocultar ese balón que jamás rebasó la línea de meta pero fue concedido como gol. Los ingleses derrotaron así en la final a los alemanes, en un torneo con varias polémicas arbitrales que siempre beneficiaban a los pross.



En 1974, la Alemania Occidental de Franz Beckenbauer, Gerd Müller y compañía se coronaba campeona en casa, pero lo que siempre perdurará en la memoria de quienes presenciaron aquel Mundial es el fútbol total de la Naranja Mecánica, el equipo de leyenda que lideraba Johan Cruyff. Aquella selección de la mal llamada Holanda -el nombre del Estado es Países Bajos- es junto a la Hungría de 1954 la derrotada más bella en la historia de la Copa del Mundo.




Cuatro años más tarde, la dictadura que gobernaba Argentina aprovechaba la organización del Mundial para maquillar su imagen de cara al exterior. Y qué mejor manera de hacerlo que utilizando un éxito deportivo con fines políticos. La sombra del amaño planeará siempre sobre el sospechoso 6-0 que los argentinos endosaron a Perú y permitió a los locales alcanzar la final en detrimento de Brasil, que antes de ese partido partía con ventaja de goles. En el último choque, frente a una Naranja Mecánica sin Cruyff, el dictador Jorge Rafael Videla entregaba la Copa del Mundo a Daniel Passarella, capitán argentino, mientras desde la cercana Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) los presos políticos escuchaban el griterío de la afición local.



Francia, en 1998, fue la última organizadora en ganar su Mundial. No puede hablarse de una victoria polémica pero sí de falta de brillantez, pues su fútbol no fue tan admirable como en éxitos posteriores -la Eurocopa 2000 sin ir más lejos-. Los galos necesitaron una prórroga y un gol de oro para derrotar en octavos  a la rocosa Paraguay, y en cuartos se deshicieron de Italia en la tanda de penaltis. En ambos partidos, el tiempo reglamentario finalizó con empate a cero. Una vez más, el equipo que desplegó el mejor juego fue el de los Países Bajos, eliminado en semifinales por el Brasil de Ronaldo.

Ahora, en Brasil 2014, los locales reciben una mano de los árbitros cada vez que la necesitan. Es muy probable que finalicen vencedores, pero difícilmente dejarán una buena imagen en lo poco que resta de campeonato. Por esto, y por todo lo dicho hasta ahora, no quiero que España organice un Mundial. Ya lo hizo en 1982 y la selección cosechó un monumental fracaso. Y no fue  precisamente porque los colegiados la perjudicaran con sus decisiones...